Thursday, September 07, 2006
Subversivos ABC1
La toma y el movimiento estudiantil, una verdadera mierda. En mi colegio fue la tomatera, noche de orgías y vómitos colectivos. Allí está lleno de los especímenes más variados, lleno de piojos resucitados, flaites con plata y hardcores con zapatillas gigantes (o “tillas”, como dirían ellos en su lenguaje mamón). Todos ellos hijos de papis, o lo que votó la ola.
Lo cierto es que nosotros éramos los arrugones del sector oriente en las movilizaciones. Jamás habíamos participado en ningún tipo de manifestaciones de tal índole, pero esta vez no podíamos ser menos, teníamos que correr de los guanacos y de los zorrillos, pasar hambre y frío en una toma, dormir hacinados en un una sala en improvisadas camas. Todo para no ser menos. Y nos tomamos el colegio, pero no, ¡¡paren!! Perdón nos pasaron el colegio. El sostenedor del colegio en el acto más patético de nuestra honra estudiantil nos entregó las llaves.
Por mi parte, dormía en mi casa e iba por las mañanas ayudar. No me agradaba mucho la idea de pasar frío y escuchar orgasmos fingidos por la noche, porque dudo que alguien a mi edad pueda tener un orgasmo. Para eso se necesita de una trayectoria. Y aunque en mi colegio hay féminas que podrían tenerla, los actos sexuales suelen ser lo más parecido a un conejo apareándose.
Los visitaba casi todos los días, y observaba su gran despliegue de organización. En un colegio donde hay doscientos alumnos en enseñanza media, es sumamente difícil organizar a veinte personas en una toma, por lo cual se hacían reuniones cada tres horas, como para discutir, por ejemplo, la repartición de una bolsa de dulces que un apoderado con tanto amor y cariño había donado para los valientes escolares.
Luego de que estos hidalgos jóvenes se dignaron a entregar el colegio, se rumoreaban sucesos que llegaban a la categoría de mitos urbanos, como la sala quince del colegio, que, según se contaba, por la noches se convertía en un verdadero motel: con diferentes tipos de camas y atmósferas. Además se agregaba la infaltable fantasía sexual de hacerlo sobre el banco del profesor jefe, y utilizar el borrador como un lápiz para marcar con los restos de tinta el cuerpo del amante.
Fuera de lo bizarro que podían resultar este tipo de anécdotas, me seguía pareciendo todo esto un verdadero chiste. Nadie a quien su papá lo deja todas las mañanas en la entrada del colegio y lo espera hasta que se pierda en el patio, puede ser a mi juicio un escolar libertario y subversivo. Nadie quien en un carrete ponga cinco lucas para copete puede ser admirado por su valentía y revolución.
Escrito por María Paz Marín
Lo cierto es que nosotros éramos los arrugones del sector oriente en las movilizaciones. Jamás habíamos participado en ningún tipo de manifestaciones de tal índole, pero esta vez no podíamos ser menos, teníamos que correr de los guanacos y de los zorrillos, pasar hambre y frío en una toma, dormir hacinados en un una sala en improvisadas camas. Todo para no ser menos. Y nos tomamos el colegio, pero no, ¡¡paren!! Perdón nos pasaron el colegio. El sostenedor del colegio en el acto más patético de nuestra honra estudiantil nos entregó las llaves.
Por mi parte, dormía en mi casa e iba por las mañanas ayudar. No me agradaba mucho la idea de pasar frío y escuchar orgasmos fingidos por la noche, porque dudo que alguien a mi edad pueda tener un orgasmo. Para eso se necesita de una trayectoria. Y aunque en mi colegio hay féminas que podrían tenerla, los actos sexuales suelen ser lo más parecido a un conejo apareándose.
Los visitaba casi todos los días, y observaba su gran despliegue de organización. En un colegio donde hay doscientos alumnos en enseñanza media, es sumamente difícil organizar a veinte personas en una toma, por lo cual se hacían reuniones cada tres horas, como para discutir, por ejemplo, la repartición de una bolsa de dulces que un apoderado con tanto amor y cariño había donado para los valientes escolares.
Luego de que estos hidalgos jóvenes se dignaron a entregar el colegio, se rumoreaban sucesos que llegaban a la categoría de mitos urbanos, como la sala quince del colegio, que, según se contaba, por la noches se convertía en un verdadero motel: con diferentes tipos de camas y atmósferas. Además se agregaba la infaltable fantasía sexual de hacerlo sobre el banco del profesor jefe, y utilizar el borrador como un lápiz para marcar con los restos de tinta el cuerpo del amante.
Fuera de lo bizarro que podían resultar este tipo de anécdotas, me seguía pareciendo todo esto un verdadero chiste. Nadie a quien su papá lo deja todas las mañanas en la entrada del colegio y lo espera hasta que se pierda en el patio, puede ser a mi juicio un escolar libertario y subversivo. Nadie quien en un carrete ponga cinco lucas para copete puede ser admirado por su valentía y revolución.
Escrito por María Paz Marín
Comments:
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pachi pachi.. nos dejaste masomenos mal ( a los estudiantes)
jajajn pero me gustó como estaba escrito.
rocío.
jajajn pero me gustó como estaba escrito.
rocío.
jajaja esta buenisimo, yo como estudiante, :S
creo que fue bastante idiota eso de las tomas en lso colegios mas caros y abc1, un poco careraja diria yo.
pero bueno, tu cronica esta muy buena
chistosa
creo que fue bastante idiota eso de las tomas en lso colegios mas caros y abc1, un poco careraja diria yo.
pero bueno, tu cronica esta muy buena
chistosa
mi felicitaciones srta. Marín. personalmente me parece una excelente crónica. además de lo jocoso, de lo anecdótico, juega usted una posición, emite juicio, en fin, la raja.
obervaciones, sólo una, ortográfica: en el primer párrafo usted quiere decir "lo que botó la ola", no es verdad?
"lo que votó la ola", me lleva a pensar Cecilia la incomparable y toda esa escena de artistas chillones que se llamó la Nueva Ola... ¿por quién habrán "votado", en su momento? Luis Dimas... lo que votó y botó la nueva ola.
En fin.
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obervaciones, sólo una, ortográfica: en el primer párrafo usted quiere decir "lo que botó la ola", no es verdad?
"lo que votó la ola", me lleva a pensar Cecilia la incomparable y toda esa escena de artistas chillones que se llamó la Nueva Ola... ¿por quién habrán "votado", en su momento? Luis Dimas... lo que votó y botó la nueva ola.
En fin.
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