Monday, September 04, 2006
Olor a aniversario
Me encuentro con Jano, mi novio, al costado de una improvisada biblioteca en el Café Utopía, uno de esos clásicos lugares de reunión intelectualoide, donde Silvio Rodriguez, Santiago del Nuevo Extremo y Víctor Jara hacen de un ambiente acogedor.
Atrás de nosotros, se ubica un neo-hippie con notebook conectado a algún rincón desconocido del piso, fumando de manera enferma y molestando a la mesera pidiéndole un tipo de café francés sin canela, con un vaso de agua y hielo. Su voz de ejecutivo estresado y con problemas sexuales hace suponer que se siente interesante y con el ego suficiente como para tratar con esa inferioridad a la que amablemente le pregunta qué desea.Siete meses de noviazgo: la excusa perfecta para sentarme a tomar un expresso con pastel Utopía a medias. Siento la mano del Jano alcanzar la mía proponiendo un tema interesante para hablar. Él fuma tabaco, yo, cigarro, la mezcla perfecta para una ida al baño comprometedora.
Entre conversa, mirada, pelambre y sorbete se nos pasó el tiempo. Vimos el raspado decadente de pastel que nos miraba con cara de “compren más”, pero nuestra condición escolar nos impidió consumir un segundo. Jano me mira con cara extraña y me dice un “voy al baño” que supone 20 minutos de espera. Tomo un libro de Jorge Edwards que se encuentra a mi lado y comienzo a leer. Llevaba 3 colillas y 4 capítulos, cuando el matapasiones novio llega con mirada victoriosa pero sin habla, lo miro y sin parar de reírme le pregunto:
-¿Lo lograste?
-Sí, pero no pudo pasar menos piola.
Ese pequeño diálogo fue excusa para conversar de anécdotas pasadas por un bien tiempo y para hacerme recordar la típica escena de película sensual, en que se encuentra ella, con un vestido negro brillante, labios rojos y pendientes plateados, con él, de frac y cigarrillo en mano en un restauran cuico, con un saxo tocando en vivo fomentando el coqueteo de miradas que se produce entre los regios protagonistas, que antes de besarse, interrumpen el silencio con un “vamos a la pista, nena”, por parte de el varón.
Todo iba perfectamente bien y normal, hasta que mi sistema digestivo no encontró lugar ni momento más adecuado para desechar lo comido.
-Tengo que ir al baño -le dije.
-¿A lo mismo que yo?
-Creo que sí...
-Mira, atrás del espejo izquierdo hay un Glade lavanda. Ocúpalo si lo necesitas.
Glade, elemento antiguamente extraño en un baño de café, pero que ahora el servicio sanitario requiere quizás, o el extremado mal olor de los clientes, quien sabe.Con un beso de buena suerte, me dirigo al baño. Entro a un sucucho en buen estado, tomo todo el papel absorbente par secarse las manos que había y lo ordeno en la taza para poder sentarme y “liberar al moreno”, como el vulgo dice, de una forma decente. Mientras me concentraba para tal difícil operación, miraba el pestillo oxidado, que al menor empuje se desarmaba y dejaba en descubierto todo lo horrible de mi situación. Cuando por fin terminé, procedí a tirar la cadena con la cual no dejaba ninguna evidencia de lo entregado a mi amiga alcantarilla, pero no, algo fallaba, no se iba. ¡Seguía ahí el maldito! Recordé la típica frase cuando hay una situación desesperante: “¡Que no cunda el pánico!”, pero no sirvió.
Abrí todas las perillas posibles para que el estanque de agua se llenara, pero nada sucedía. Saqué la tapa que lo cubría, y en un patético intento por llenarlo, tomé agua con la boca y la tiré como si fuera una pileta, pretendiendo llenar una capacidad de 3 litros, me di cuenta de que era inútil.
Estaba perdida, nunca más podría ir con la dignidad de siempre a aquel café que aparte de guapo, era barato. Me imaginé la cara de los que atendían indicándome con el índice haciendo una mueca de mal olor. Lo único que atinaba hacer era abrir el espejo izquierdo. Sí, era mi opción, lo hice y ahí estaba como de propaganda, el aerosol salvador, lo tomé y lo esparcí por donde pude. El maravilloso olor a flores me devolvió parte de mi dignidad, antes de que se fuera por el alcantarillado. Cerré la taza y seguido de esto apliqué jabón suficiente en mis manos como para opacar todo olor sospechoso. Me borré la risa y salí como si nada hubiera pasado.
Al llegar, el Jano me mira con la misma expresión que le había puesto yo anteriormente, cuando el volvió de su tarea, pero mi recepción fue pedir la cuenta con voz de grande, dejando, como buen escolar insisto, una miserable propina. Mientras caminábamos hacia la popular Alameda, no podía evitar pensar la sorpresa que les había dejado, finalmente nuestro regalo de cumplemés se fundió en las profundidades del océano, aromatizando y construyendo ese “mar que tranquilo nos baña”.
Escrito por Rocío Pérez
Atrás de nosotros, se ubica un neo-hippie con notebook conectado a algún rincón desconocido del piso, fumando de manera enferma y molestando a la mesera pidiéndole un tipo de café francés sin canela, con un vaso de agua y hielo. Su voz de ejecutivo estresado y con problemas sexuales hace suponer que se siente interesante y con el ego suficiente como para tratar con esa inferioridad a la que amablemente le pregunta qué desea.Siete meses de noviazgo: la excusa perfecta para sentarme a tomar un expresso con pastel Utopía a medias. Siento la mano del Jano alcanzar la mía proponiendo un tema interesante para hablar. Él fuma tabaco, yo, cigarro, la mezcla perfecta para una ida al baño comprometedora.
Entre conversa, mirada, pelambre y sorbete se nos pasó el tiempo. Vimos el raspado decadente de pastel que nos miraba con cara de “compren más”, pero nuestra condición escolar nos impidió consumir un segundo. Jano me mira con cara extraña y me dice un “voy al baño” que supone 20 minutos de espera. Tomo un libro de Jorge Edwards que se encuentra a mi lado y comienzo a leer. Llevaba 3 colillas y 4 capítulos, cuando el matapasiones novio llega con mirada victoriosa pero sin habla, lo miro y sin parar de reírme le pregunto:
-¿Lo lograste?
-Sí, pero no pudo pasar menos piola.
Ese pequeño diálogo fue excusa para conversar de anécdotas pasadas por un bien tiempo y para hacerme recordar la típica escena de película sensual, en que se encuentra ella, con un vestido negro brillante, labios rojos y pendientes plateados, con él, de frac y cigarrillo en mano en un restauran cuico, con un saxo tocando en vivo fomentando el coqueteo de miradas que se produce entre los regios protagonistas, que antes de besarse, interrumpen el silencio con un “vamos a la pista, nena”, por parte de el varón.
Todo iba perfectamente bien y normal, hasta que mi sistema digestivo no encontró lugar ni momento más adecuado para desechar lo comido.
-Tengo que ir al baño -le dije.
-¿A lo mismo que yo?
-Creo que sí...
-Mira, atrás del espejo izquierdo hay un Glade lavanda. Ocúpalo si lo necesitas.
Glade, elemento antiguamente extraño en un baño de café, pero que ahora el servicio sanitario requiere quizás, o el extremado mal olor de los clientes, quien sabe.Con un beso de buena suerte, me dirigo al baño. Entro a un sucucho en buen estado, tomo todo el papel absorbente par secarse las manos que había y lo ordeno en la taza para poder sentarme y “liberar al moreno”, como el vulgo dice, de una forma decente. Mientras me concentraba para tal difícil operación, miraba el pestillo oxidado, que al menor empuje se desarmaba y dejaba en descubierto todo lo horrible de mi situación. Cuando por fin terminé, procedí a tirar la cadena con la cual no dejaba ninguna evidencia de lo entregado a mi amiga alcantarilla, pero no, algo fallaba, no se iba. ¡Seguía ahí el maldito! Recordé la típica frase cuando hay una situación desesperante: “¡Que no cunda el pánico!”, pero no sirvió.
Abrí todas las perillas posibles para que el estanque de agua se llenara, pero nada sucedía. Saqué la tapa que lo cubría, y en un patético intento por llenarlo, tomé agua con la boca y la tiré como si fuera una pileta, pretendiendo llenar una capacidad de 3 litros, me di cuenta de que era inútil.
Estaba perdida, nunca más podría ir con la dignidad de siempre a aquel café que aparte de guapo, era barato. Me imaginé la cara de los que atendían indicándome con el índice haciendo una mueca de mal olor. Lo único que atinaba hacer era abrir el espejo izquierdo. Sí, era mi opción, lo hice y ahí estaba como de propaganda, el aerosol salvador, lo tomé y lo esparcí por donde pude. El maravilloso olor a flores me devolvió parte de mi dignidad, antes de que se fuera por el alcantarillado. Cerré la taza y seguido de esto apliqué jabón suficiente en mis manos como para opacar todo olor sospechoso. Me borré la risa y salí como si nada hubiera pasado.
Al llegar, el Jano me mira con la misma expresión que le había puesto yo anteriormente, cuando el volvió de su tarea, pero mi recepción fue pedir la cuenta con voz de grande, dejando, como buen escolar insisto, una miserable propina. Mientras caminábamos hacia la popular Alameda, no podía evitar pensar la sorpresa que les había dejado, finalmente nuestro regalo de cumplemés se fundió en las profundidades del océano, aromatizando y construyendo ese “mar que tranquilo nos baña”.
Escrito por Rocío Pérez
Comments:
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yo diría que para ser crónica le falta algo. quizás un poco de análisis, de jugar una opinión sobre alguno de los aspectos puestos en juego. hay elementos: el uso de glade en baños de locales, o la más bien normal carencia del mismo, por ejemplo. en el fondo este relato está bien como relato. para ser crónica diría que le falta elaborar una reflexión en torno al registro anecdótico.
¡puja, puja Rocío!
¡puja, puja Rocío!
hay gente que opina sin saber, como en todas cosas. ¡obvio que es una crónica de tomo a lomo! apuesto mi poca y nula reputación.
jajajaja
puta, bueno po, si León lo dice, qué voy a hacer... era mi modesta opinión.
en todo caso coincido con Leonardo.
¡liberar al moreno!
me recagué de la risa.
Salud!
puta, bueno po, si León lo dice, qué voy a hacer... era mi modesta opinión.
en todo caso coincido con Leonardo.
¡liberar al moreno!
me recagué de la risa.
Salud!
he he he he , a mi me paso una ves
que la liberacion de las ballenas
que la liberacion de los arboles
que la liberacion de los perros de la perrera
que viva la liberacion del moreno¡¡
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que la liberacion de las ballenas
que la liberacion de los arboles
que la liberacion de los perros de la perrera
que viva la liberacion del moreno¡¡
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