Tuesday, August 08, 2006

La infiltrada

Todo se confabuló como una misión imposible. El profe armó grupos de cuatro personas para ir a diferentes cafés del Santiago centro. Me tocó ir al Café Árabe, acompañada por tres machos recios con las hormonas desesperadas por entrar. Yo no sabía qué pensar. Era la única mujer y me sentía diferente, porque no recordaba haber pisado uno de ésos antes. A lo más en una de esas penitencias escolares me había asomado por la puerta, y les había comentado a mis compañeros lo que había visto. Pero ahí, en la puerta del café, me sentía como una verdadera detective. Sentí ganas de mentir mucho y hacerme pasar por otra persona.
Lo primero que se ocurrió fue hacerme lesbiana y seducir a la “cafetera”. Total, nunca se me había hecho difícil hacerlo. Quizás siento alguna atracción escondida por las mujeres, ¡quién sabe! Sin embargo, aquella tarde quería estar a la par con mis compañeros y ser un hombre más, el cual quería ver a mujeres con poca ropa y no quería estar en desventaja. Empecé a imaginar una de esas películas que daban en el Chilevisión los martes a la hora de adultos.
Con un movimiento de cabeza esfumé esa nube, y entramos. No sé, el lugar era como siempre me lo imaginé, a oscuras y con esa luz ultravioleta y con música de fondo, entre sensual y bailable, con ésa que dan ganas de sacarse la ropa. Se nos acercó una mujer muy escultural, como de unos dos metros (ahora se que era el efecto de la barra y los zapatos de tacón). Con una sonrisa nos pidió los carné, pero no mostré el mío por ser menor de edad. El más viejo de nosotros sacó el pase universitario, y supe que tenía que pensar y ser una universitaria. Ése fue el primer rol de esa tarde.
A Christopher y Fabián los noté nerviosos. Sólo observaban y escuchaban. En cambio, el universitario y yo hablamos a más no poder. La mujer cafetera no se quedaba atrás. Tenía una personalidad increíble. Siendo ella, no podría haber hablado tanto usando sólo un sostén blanco luminoso y un hilo dental entre las nalgas. Ella sí que era una mujer regia con personalidad. A su lado, parecía cualquier cosa menos mujer. Mi compañero universitario la seducía, le decía cositas al oído y esa clase de coqueteos. Entonces me dije a mí misma “si se supone que hoy yo soy universitaria y si eso implica que pueda ser una lesbiana que va a los cafés con piernas…”.
Intenté acercarme con mis dotes de actriz. Quería coquetearle, pero mi compañero universitario era un maestro en las artes de seducción, así es que prontamente me rendí. El papel que había escogido no resultaba. Dejé mis pensamientos de lado y me integré a la conversación. La mujer nos contó que vendían alcohol y que había “privados” que costaban cinco lucas. Le pregunté si había entrado alguna vez a un privado con alguna mujer, y me dijo que sí, pero que no la podían tocar. Entonces me imaginé como lesbiana que va a los café con piernas con una mina bailándome y actuando como hombre. No me gustó la idea. Seguí escuchando la conversación: tenía mil historias. Se empezó a acabar el café y ella dijo:
-Oye flaca, ¿te gustaría trabajar de “cafetera”?
Me creé en ese instante el papel de la misma chica universitaria no lesbiana, pero caliente, que necesita pega para comprarse los condones que ocupa en las fiestas de fin de semana.
-Sí –contesté-. Justo ando buscando trabajo esporádico lo necesito.
Y pasó lo menos esperado. Me tomó del brazo y me llevó a hablar con su jefe. ¡Mierda, en que me metí! Observé las caras de risa de mis compañeros y me reí también. El cuarto que entré y el tipo que vi no eran como los mafiosos que me había imaginado. Además, el cuarto no era oscuro, sino más bien era una mezcla de cocina y baño, y el tipo no era un gordo con un bastón y un gato arriba de sus piernas, sino era más bien un hombre flaco sin gracia, con cara de peruano. Me preguntó el nombre, le dije que me llamaba Carla Ríos Espinosa. Fue el primer nombre que se me vino a la cabeza. El hombre me miró de pies a cabeza e insistió:
-¿Cuántos años tienes?
Mintiendo le dije que tenía 18 y que los había cumplido la semana pasada. Me ofreció el trabajo de “cafetera” y me comenzó a nombrar los beneficios, bonos y aguinaldos del trabajo, pero yo no escuchaba porque... miré la barra y me vi bailando una canción de la Britney Spears cubierta sólo con crema de merengue, moviendo la raja a todo ritmo, sujetada en unos de esos fierros, una vela encendida en el medio. Con un movimiento de mis nalgas, apagaba la vela.
Salí del cuarto, y ahí estaban los tres hombres observándome con cara de “qué pasó, cuenta niña”. Los hombres suelen poner esa cara todo el tiempo, y por mi experiencia me he dado cuenta que son mas cahuineros que las mujeres. Además de siempre querer jugar esas bromas crueles, me suele pasar, la mayoría de mis amigos me tratan como uno de ellos. Soy como “la infiltrada”, como un “niñoniña”. Sí, ese rostro con las cejas levantadas y la boca entreabierta y saltando como idiotas, es la misma cara que puso una ves Cristian Farías para que me subiera arriba de esos burritos que se les echa una moneda de cien pesos y se mueven de arriba hacia abajo. Obvio que no me subí, y hasta ebria lo hubiera pensado.
El compañero universitario se fue y me quedé con Fabián y Christopher.
Con estas mujeres nunca falta tema: hablamos de travestíes, de cuando engañaba a su marido con clientes, las pechugas postizas, los zapatos agujas, las estrías. Nos contó sobre un caballero que se pajeaba cuando iba tomar café, que ella una vez haciendo un show se había caído de la barra, y me di cuenta que teníamos cosas en común, aunque yo no ocupe públicamente ese vestuario. Mirando hacia atrás y recordando mis coreografías, una vez yo también me caí, pero de arriba de una mesa en un carrete y estaba en estado de ebriedad.
Lo más raro fue que, cuando iba saliendo me quedé pensando si aceptar o no la oferta. Después de todo, era una pega honrada, se conversa todo el día y hasta se le puede sacar plata a esos viejos de grandes empresas. La idea me quedo dando vueltas. Alguien por ahí me dijo:

-Oye Fran, ahí va tu jefe.

Y la verdad de las cosas no me pareció tan mala idea.

Escrito por Francis Villegas

Comments:
cuánto pagarán?
 
ademas de todo se transformo en la niña que casi destruye balmaceda 1215 XD
 
siempre es posible hacer la pega de puta sin tener que caer bajo.
mis felicitaciones Srta. al menos tiene ud. los ovarios bien puestos. no me cabe dudas que sus víctimas sexuales anhelan volver a cancelar sus servicios.
 
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