Thursday, August 31, 2006
Dos tontos y un café
Se acabó el alcohol y no teníamos que hacer. Estábamos los cuatro pasteles aburridos igual que en los recreos del colegio.
-¿Vamos a webear a la gente en la calle?
-Vamos po` weon! -dije tomando la ultima gotita que quedaba en el vaso.
Salimos cagados de la risa, corriendo y gritando, hasta que llegamos a una plaza que, al parecer, era la Almagro. Estaba llena de grupos, pero cuando nos acercábamos todos nos miraban feo. Igual nomás, nos metimos a la mala a uno, pero se pararon todos cuando porfiadamente le empecé a pedir la guitarra a uno de los tipos. Yo quedé picao y ya no quedaba nadie en la plaza.
-Puta, quedé caliente, ¿Por qué no vamo a un café con pierna -propuso el Pancho, con un cara que insinuaba que su necesidad era para nosotros una obligación.
La primera vez que fui a un café con piernas fue en segundo medio, a fiinales de las vacaciones de invierno. Recuerdo que esas dos semanas había llovido casi todos los días. Por esa época hacía una revista en el colegio y con el Beto nos juntamos en la Plaza de Armas para que se nos ocurriera algo que escribir.
El tema era definitivo, lo único que habíamos hecho en las dos semanas encerrados en la casa era corrernos la paja y tomar café. “Entre paja y café”, teníamos el tema de la revista, pero no sabíamos qué hacer, hasta que ante nuestros ojos un luminoso: Kafé Makumbá. Nos miramos y la risa estalló.
-Ya dale, entra tu primero.
-¡Sale! Dale tú, a mí se me chupa.
-Pero weon, si tú tenis más careviejo.
-Pero vo eris más alto, po weon.
-Ya mira, entremos los dos al mismo tiempo.
Discutíamos, mientras reíamos de la cara de los viejos que salían de allí.
-Ya, fumemos pa que parezcamos mas grandes.
-¿Y si nos echan?
-Vamos a otro, po weon. ¿Qué nos va a pasar?
En eso se acercó una persona y fue la oportunidad para entrar detrás de él.
-¡¿Por qué no entraste weon?!
-Pero si iba detrás tuyo, po!
Cuando ya llevábamos una hora y media afuera y una cajetilla entera fumada, evaluamos irnos, pero pensamos que, “Kafé Makumbá, se te sirven por atrá”, así es que nos armamos de valor y fue como si estuviésemos en un oasis en el centro de Santiago. Era otro mundo, todos riendo, todos relajados, otro volumen, otra dimensión.
-Que lindos los niñitos -nos decían las minas, peñiscándonos las mejillas igual que la amigas de mi abuela.
Y nosotros, inmóviles observando las curvas, nos mirábamos con cara de a punto de reventar de la risa como diciendo “a onde estaaaaamos, weon”.
Ahora tres años después estoy en la misma situación, pero en calle 10 de julio en un café que es mucho mejor.
Escrito por Ignacio Soto Lobos
-¿Vamos a webear a la gente en la calle?
-Vamos po` weon! -dije tomando la ultima gotita que quedaba en el vaso.
Salimos cagados de la risa, corriendo y gritando, hasta que llegamos a una plaza que, al parecer, era la Almagro. Estaba llena de grupos, pero cuando nos acercábamos todos nos miraban feo. Igual nomás, nos metimos a la mala a uno, pero se pararon todos cuando porfiadamente le empecé a pedir la guitarra a uno de los tipos. Yo quedé picao y ya no quedaba nadie en la plaza.
-Puta, quedé caliente, ¿Por qué no vamo a un café con pierna -propuso el Pancho, con un cara que insinuaba que su necesidad era para nosotros una obligación.
La primera vez que fui a un café con piernas fue en segundo medio, a fiinales de las vacaciones de invierno. Recuerdo que esas dos semanas había llovido casi todos los días. Por esa época hacía una revista en el colegio y con el Beto nos juntamos en la Plaza de Armas para que se nos ocurriera algo que escribir.
El tema era definitivo, lo único que habíamos hecho en las dos semanas encerrados en la casa era corrernos la paja y tomar café. “Entre paja y café”, teníamos el tema de la revista, pero no sabíamos qué hacer, hasta que ante nuestros ojos un luminoso: Kafé Makumbá. Nos miramos y la risa estalló.
-Ya dale, entra tu primero.
-¡Sale! Dale tú, a mí se me chupa.
-Pero weon, si tú tenis más careviejo.
-Pero vo eris más alto, po weon.
-Ya mira, entremos los dos al mismo tiempo.
Discutíamos, mientras reíamos de la cara de los viejos que salían de allí.
-Ya, fumemos pa que parezcamos mas grandes.
-¿Y si nos echan?
-Vamos a otro, po weon. ¿Qué nos va a pasar?
En eso se acercó una persona y fue la oportunidad para entrar detrás de él.
-¡¿Por qué no entraste weon?!
-Pero si iba detrás tuyo, po!
Cuando ya llevábamos una hora y media afuera y una cajetilla entera fumada, evaluamos irnos, pero pensamos que, “Kafé Makumbá, se te sirven por atrá”, así es que nos armamos de valor y fue como si estuviésemos en un oasis en el centro de Santiago. Era otro mundo, todos riendo, todos relajados, otro volumen, otra dimensión.
-Que lindos los niñitos -nos decían las minas, peñiscándonos las mejillas igual que la amigas de mi abuela.
Y nosotros, inmóviles observando las curvas, nos mirábamos con cara de a punto de reventar de la risa como diciendo “a onde estaaaaamos, weon”.
Ahora tres años después estoy en la misma situación, pero en calle 10 de julio en un café que es mucho mejor.
Escrito por Ignacio Soto Lobos
