Saturday, August 19, 2006
Antivisita
Cuando Javier nos invitó a Kati y mí a la casa de su hermano, en Las Cruces, pensé que era sólo con la intención de sacarnos del estrés santiaguino. Y como nunca niego una invitación a la playa, llegamos a la estación de metro Pajaritos y nos instalamos esperando que un automovilista se apiadara de estos tres jóvenes zaparrastrosos y nos llevara hacia el litoral.
Establecidos en la casa del hermano playero de Javier, salimos a pasear y a buscar "vida marina" entre las rocas. De pronto, mientras bajábamos, Javier dobla inesperadamente por una esquina y se detiene frente a una casa antigua pero muy bonita que tenía un furgón tipo pan de molde estacionado afuera.
-Llegamos -nos dice.
Al ver nuestra cara de desconcierto nos explica que el viaje a Las Cruces era especialmente porque quería ir a ver a Parra. ¡A Nicanor Parra! Estábamos nada menos que frente a la casa de Nicanor Parra y al lado del Parramóvil, como él mismo le dice a su furgón.
-No les quise contar antes para no ilusionarlas... en una de ésas, no encontraba la casa y se habrían quedado con los crespos hechos -se disculpó.
Después de gritar varios ¡aló! desde la reja, se abre la ventana que parecía ser del baño y aparece don Nica con el dorso desnudo, exhibiendo una divertida quemada de camionero. Lo saludamos, y él respondió haciendo un tímido ademán con la mano al estilo paz. Cuando le dijimos que veníamos solamente a visitarle, nos dijo que por favor volviéramos más tarde, ahora se estaba preparando para una ducha. Le propusimos volver dentro de una hora y media y él estuvo de acuerdo.
Mientras esperábamos, continuamos el viaje en busca de "vida marina", sin dejar de comentar lo increíble que es Parra, y ¡quién iba a pensar que estaríamos conversando con don Nica en su propia casa!
Una hora y media más tarde - tiempo que se nos hizo eterno- llegamos otra vez a la casa del antipoeta. Sonaba un tango de Piazzola muy fuerte y era difícil que lograra escucharnos. Después de mucho gritar nos dimos cuenta de que nos había oído, porque apagó la música y cerró las cortinas sin asomarse: no quería hablar con nosotros. ¡Igual nos quedamos con los crespos hechos!
Bueno... mal que mal, de Nicanor Parra se puede esperar cualquier cosa. Tal vez otro día nos aparezcamos por allá.
Escrito por Paula Guaquiante
Establecidos en la casa del hermano playero de Javier, salimos a pasear y a buscar "vida marina" entre las rocas. De pronto, mientras bajábamos, Javier dobla inesperadamente por una esquina y se detiene frente a una casa antigua pero muy bonita que tenía un furgón tipo pan de molde estacionado afuera.
-Llegamos -nos dice.
Al ver nuestra cara de desconcierto nos explica que el viaje a Las Cruces era especialmente porque quería ir a ver a Parra. ¡A Nicanor Parra! Estábamos nada menos que frente a la casa de Nicanor Parra y al lado del Parramóvil, como él mismo le dice a su furgón.
-No les quise contar antes para no ilusionarlas... en una de ésas, no encontraba la casa y se habrían quedado con los crespos hechos -se disculpó.
Después de gritar varios ¡aló! desde la reja, se abre la ventana que parecía ser del baño y aparece don Nica con el dorso desnudo, exhibiendo una divertida quemada de camionero. Lo saludamos, y él respondió haciendo un tímido ademán con la mano al estilo paz. Cuando le dijimos que veníamos solamente a visitarle, nos dijo que por favor volviéramos más tarde, ahora se estaba preparando para una ducha. Le propusimos volver dentro de una hora y media y él estuvo de acuerdo.
Mientras esperábamos, continuamos el viaje en busca de "vida marina", sin dejar de comentar lo increíble que es Parra, y ¡quién iba a pensar que estaríamos conversando con don Nica en su propia casa!
Una hora y media más tarde - tiempo que se nos hizo eterno- llegamos otra vez a la casa del antipoeta. Sonaba un tango de Piazzola muy fuerte y era difícil que lograra escucharnos. Después de mucho gritar nos dimos cuenta de que nos había oído, porque apagó la música y cerró las cortinas sin asomarse: no quería hablar con nosotros. ¡Igual nos quedamos con los crespos hechos!
Bueno... mal que mal, de Nicanor Parra se puede esperar cualquier cosa. Tal vez otro día nos aparezcamos por allá.
Escrito por Paula Guaquiante
